Por más de 6 décadas, el camión Mack, más conocido como El Venezolano, ha sido reconocido tradicionalmente por nuestros transportistas por su amplia penetración en el mercado nacional y una increíble participación en el segmento de la Clase 8 – Heavy Duty, gracias a su fortaleza, resistencia, capacidad de carga, maniobrabilidad y duración. Un galardón compartido, puesto que es un producto que responde a las exigencias locales de sus clientes.
Nuestras carreteras y autopistas son el escenario ideal para apreciar la transformación que han tenido los camiones Mack; pues así como vemos los más recientes modelos de dinámicas líneas, también podemos constatar que siguen trabajando aquellos viejos modelos con más de 40 años de actividad.
¿Por qué “El Venezolano?
A finales de la década de los 70, Venezuela fue escenario de una licitación internacional en la cual participaron todas las marcas de motores, con el objeto de seleccionar el camión con el motor que se iba a ensamblar en nuestro país, para todos los países del Pacto Andino.
Mack resultó ganador de esa oferta de producción; pero una decisión gubernamental de la época dio un giro de 180 grados, entregando esa responsabilidad a Pegaso, una marca española de camiones poco conocida para entonces en nuestro país. Todo esto desencadenó una competencia entre ambas marcas; sin embargo, para darle más fuerza al producto nacional, el camión Mack, con un motor 160 de 280 HP, fue bautizado “El Venezolano”, lo que resultó todo un éxito.
Para reafirmar su identidad, se colocaron calcomanías con el nombre en la defensa delantera del camión, por lo que los compradores pedían el camión por su nombre. “El Venezolano” no fue un modelo, sino un nombre que le dio arraigo al camión Mack producido en el país.
Una de sus características principales de identificación fue el color amarillo que vistió sus unidades y que aún conservan muchos camiones. Fue una decisión circunstancial adaptada a los requerimientos del cliente; así como actualmente, los camiones de nueva generación son casi todos blancos.
El Venezolano en Nueva York
En el año 83, como consecuencia del llamado “Viernes Negro”, hubo muchas restricciones económicas en el país y la venta de camiones se hizo cuesta arriba. Mack negoció parte de sus inventarios a un comprador en Estados Unidos, con un proceso largo y lleno de dificultades. Uno de los requisitos de la negociación, era quitarle el nombre de “El Venezolano”.
Mack comenzó a acondicionar preventivamente las unidades para su traslado, coordinando la logística necesaria entre Las Tejerías y La Guaira; sin embargo, una huelga portuaria complicó un incierto proceso. Inesperadamente se dio la orden para embarcar 150 unidades en apenas 5 horas y no dio tiempo de quitarle el nombre de “El Venezolano” a todos los camiones. Luego el barco cargado permaneció 3 meses en Puerto Cabello, pues la huelga no lo dejaba salir.
Posteriormente, los camiones llegaron a Estados Unidos y fueron distribuidos entre varias ciudades, entre las cuales estaban Las Vegas y Nueva York, destinados a la recolección de basura, dada su gran capacidad de carga.
Hay una anécdota de un venezolano en Las Vegas que se sorprendió al ver un Mack amarillo con su letrero de “El Venezolano” y le tomó una fotografía que fue enviada a la planta de ensamblaje en Las Tejerías. No salía de su asombro.
El transporte pesado en Venezuela ha ofrecido y ofrece diversas marcas y modelos de camiones que han apostado a este competido mercado, algunos de ensamblaje nacional y otros importados de diferentes orígenes, con diferentes prestaciones. Sin embargo, Mack mantiene su preferencia entre los transportistas más exigentes.
Y es que desde hace mucho tiempo, los camiones Mack están adaptados a los requerimientos del cliente local y aunque técnicamente sean iguales a los ensamblados en Estados Unidos, al transportista tiene más confianza cuando la unidad es ensamblada en el país.
Para el transportista, Mack “El Venezolano” es parte de su entorno de trabajo y de su vida.
Ana vander Berg


